
Yo creo que si Dan Simmons no tuviese un nombre tan de escritor de poca monta, tan de manufacturador de bestsellers entendidos como la lectura de los imbéciles, bestsellers de esos que escriben gente como Dan Brown (ahí va otro Dan); creo que si, efectivamente, Dan Simmons tuviese la ocurrencia de poner su nombre completo en la carátula de sus libros, muchos estúpidos se darían cuenta de cuán gran escritor es.
En realidad no sé cual es su nombre completo real, pero imaginemos que ese Dan es un diminutivo de “Daniel”, y como buen norteamericano también tiene un middle name, por ejemplo “Walter”. Así pues en lugar de un libro escrito por Dan Simmons tendríamos libros escritos por Daniel Walter Simmons.
Mucha más enjundia, donde va a parar.
Pero resulta que no, que Dan Simmons sigue publicando con un triste nombre monosilábico.
Pero donde las dan, las toman, vaya que sí.
Descubrir a Dan Simmons fue una de las mejores cosas que me ocurrieron en 2002. Y tuve la suerte de hacerlo con su obra magna, una cumbre de la ciencia ficción llamada Hyperion.
Y ya que he cogido carrerilla de tópicos con eso de la “cumbre”, me lanzo y digo que Hyperion trasciende el género por su calidad, por su imaginación, por su sencilla complejidad (¿oxímoron?) y porque es una gozada de verbo ad verbum (¡latinismo!).
La novela nos cuenta cómo siete personajes de lo más variopinto se encuentran en una nave-árbol surcando el espacio sideral en dirección al planeta Hyperion, sin saber muy bien la razón por la que están ahí, ni cuál es su misión final. Deciden entonces que la mejor manera de llegar a alguna conclusión es mediante la narración de las historias personales de cada uno de ellos. De este modo, se dan cuenta de que todos están más o menos relacionados con un extraño ser conocido como el Alcaudón que vive en las Tumbas del Tiempo, una misteriosa construcción situada en dicho planeta.
Con esta excusa, Simmons compone esta grandiosa novela al modo de los Cuentos de Canterbury, siendo cada una de las historias personales un relato completamente autónomo. Simmons consigue así darnos una visión total de una humanidad que, tras la muerte de la Tierra, se ha expandido por el universo, conformando la poderosísima Hegemonía de la Humanidad, que controla con mano de hierro una red de cientos de planetas colonizados.
Simmons crea un futuro imposible pero verosímil hasta el tuétano. Un futuro en el que, a pesar de que la supervivencia del ser humano depende de una Inteligencia Artificial omnímoda y todopoderosa que ha alcanzado la autoconsciencia, la religión sigue teniendo un poder análogo al de esa IA.
Con un estilo eficaz y alejado de florituras, Simmons saca el máximo partido a una serie de ideas magníficas, convirtiendo Hyperion en un tour de force (¡galicismo!) genial que logra trascender las más o menos rígidas pautas del género.